21 febrero 2007

DOMINGO ORDINARIO


Transcurría el domingo plácidamente, un domingo soleado y fresco que se metía por el ventanal, haciendo que la lectura de los periódicos tirado en el sofá fuera de nuevo el ritual que hacía tiempo no disfrutaba.
Se sentía particularmente bien, cómodo, fresco, relajado como hacía tiempo no se sentía. Había desayunado tarde y sabroso, de modo que no tenía que preocuparse por nada más que disfrutar su soledad, compañera que comenzaba a aceptar sin rencores, y agradecer el silencio.
Una ráfaga de viento, tan repentina como inusual, lo sacó de su ligero sueño, vio la hora; 2.45. Ya no había sol, la brisa entraba a raudales por el ventanal abierto de par en par, revolviendo todo, y agitando el móvil de campanas que repicaban como poseidas, anunciando la negra lluvia que comenzaba a caer.
Se levantó corriendo para poner orden en aquel desastre, la brisa amotinada corrió a sus anchas y arremetió contra un montón de revistas apiladas en la mesita lateral, tan furiosamente que que derribó una pesada bola de vidrio que fungía como pisapapeles sobre la pila de revistas y una taza de café medio vacía que reposaba fría sobre la mesa.
Las viejas revistas comenzaron a aletear como pájaros atrapados, sus hojas se agitaban incontroladas a merced del viento y la lluvia que se metía por el ventanal, y que le azotaban la cara y el pecho mientras luchaba por cerrarlo.
Sus pies descalzos estaban sobre el charco de agua de lluvia fría, eso le desagradaba inmensamente, pisar el piso mojado y descalzo...no lo resistía. Bajó la mirada para ver sus pies desnudos y demasiado blancos parados sobre el charco, mezcla de agua de lluvia y café con leche, allí fríos como dos peces muertos, y entonces la vio, la vio tirada en el piso mirando hacia él,...una foto de ella, una foto de ella y él...de cuando eran felices...
Ella que se había ido, llevándose su amor, parte de su vida, y parte de sus pertenencias, casi todas, a decir verdad, de un solo golpe de hacha.
Hacía seis meses infernales que ella lo había dejado, literalmente sin nada, así de pronto ella se fue, llevándose todo, dejándolo en la calle y en el piso.
Y justo ahora que todo comenzaba a cambiar, que aceptaba sus consecuencias y fracasos, una vieja revista de arquitectura le escupe ese recuerdo, de ella con su risa estúpida, destruyendo el domingo que había empezado cargado de buenas sensaciones, luego de tantos domingos hundido en depresión, así de pronto brota el alma embrujada para recordarle desde el piso, mirándolo fijamente, que él no era nada sin ella.
Fue así como un domingo cualquiera, soleado y fresco hasta lo cursi, terminó en uno negro y lluvioso, sumiendo a otro habitante de este raro planeta, con los pies desnudos y en medio de un charco, en el circulo vicioso de los antidepresivos.
Tal como un domingo cualquiera que justo cuando terminas de lavar el carro, comienza a llover...
ño e la madre.


12 febrero 2007

EL DULCE CALOR

Dibujo de Germán Herrera

Si quieres recordar o conocer la primera parte de la historia de Julie la actríz porno bulímica aquí

Julie llegó temprano al set de filmaciones, nada más entrar sintió las acostumbradas nauseas. Recordó la época en que le gustaba ser actriz porno, cuanto lo disfrutaba, pero ahora se le hacía cada vez más pesado, más tedioso, ni siquiera su bien ganada fama, y el dinero que ahora tenía mitigaban sus ganas constantes de vomitar.
Allí estaba de nuevo, obedeciendo instrucciones, fingiendo placer, pero pensando en cuanto odiaba en realidad estar allí, tendida boca arriba, abierta de piernas, mirando el techo, o la cara de idiota del actor de turno; o de rodillas sintiendo la embestida desde atrás mirando la estúpida sábana, haciendo muecas y fingiendo gozar.
Pero lo que más odiaba era chupar, odiaba los penes, le hacían querer vomitar más de lo que ella misma se provocaba, sentía fuego en las entrañas cuando chupaba, cuando la penetraban, y muchas, muchísimas ganas de devolver el estomago. Una cosa era vomitar para mantenerse delgada, pero aquello le producía verdadero asco.
Como y cuando paso? se preguntaba, jamás se dio cuenta, antes solía gustarle mucho hacer todo aquello, y sus mamadas eran famosas, oh si…Julie la traga hombres le decían.
Mientras cambiaba de posición y se secaba el sudor, Julie pensaba, era increíble lo bien que podía hacer todo a la vez, darle gusto al director, verse sexy, y abandonarse a lo que últimamente ocupaba toda su mente y consumía todo su tiempo…y su pasión.
Con los ojos cerrados, pensó y sonrió, susurrando incoherencias: “si” “mas” “ohh” “ahh” “uff” , pero luego comenzó a decir muy quedo un nombre, y a dejarse llevar por aquel mantra. Le gustaba repetir bajito, muchas veces aquel nombre…
- Ines… Ines…
Adoraba el sabor dulce que le producía decirlo, y las sensaciones que evocaba.
Ansiaba el calor de aquel cuerpo generoso, blando y pleno, el dulzor de sus labios rojos y carnosos, sus grandes y mullidas tetas, y aquel olor…el olor a vainilla de Ines.
En esos momentos no deseaba sentir su vagina llena, golpeada, sino palpitante de ganas pero vacía de falos pegados a hombres, deseaba el calor de sus manos, las manos regordetas de Ines, cubriéndola y explorándola, protegiéndola, y su olor a vainilla. Deseaba sentir sus caricias por el interior de sus muslos, ver sus ojos oscuros y risueños, su pelo rebelde y su sonrisa limpia y sincera, y solo repetir muy quedo su nombre: Ines…Ines.
Amor? Creía que no…eso solo el de su santa madre, pero le gustaba y era agradable, y hasta que descubriera lo que realmente era, cosa que no le apuraba para nada, era una delicia abandonarse al cuerpo suave y rollizo de Ines.
Decir bajito su nombre: Ines…Ines…abrir las piernas; y abandonarse a sus buenas labores.
Por ahora solo deseaba el dulce calor…de un coño.
-Corten…
-Julie excelente, buena chica.

Escuchando: The colection Alanis Morissette

05 febrero 2007

PASANDO PENA

Ok, ya la cosa está enfermiza, me refiero a eso de las cadenas o Memes aún no se el porque de ese ridículo nombre)...siempre deigo que es la última vez, pero siempre sale alguna damisela a solicitarlo y da pena decir que no.
Esta vez fue Milagros en su blog, quien me asignó esta de "querer ser un avestruz" y después de mucho pensar me acordé de algo que verdaderamente me haya dado pena como para querer ir a parar al último hueco negro del mundo y quedarse a vivir allí. Fué dificil porque soy bastante descarado, y tampoco he tenido episodios demasiado bochornosos. Este lo recuerdo con vergüenza porque era bastante joven e inocente.
Tendría yo unos 18 años recién cumplidos, en esa edad entre medio gallo y medio avispao, pero en que el gallo ganaba, me invitaron a unos quince años de una amiga de mi hermana, viviamos en Maracaibo, y para entonces un0s 15 años eran unos fiestones de lo más ridículos con cuadrillas, cadetes con espadas, escoltas, damas y caballeros, muñecos de tortas y vestidos espantosos y lo mas feo de todo eran lo bucles de los peinados de las quinceañeras. La celebración de los 15 años de las hijas maracuchas era una cuestión que se planeaba por años y las familias botaban la casa por la ventana, tuvieran o no recursos, por lo que para algunas familias la fiesta significaba un endeudamiento serio.
Esta fiesta era de una familia clase media y con la respectiva botada de la casa, la celebración tuvo lugar en la casa familiar, bastante grande por cierto, en la que el licor, la comida, los bucles y los faralaos abundaban.
Después del tradicional, aburrido y ridículo vals con toda la familia, los invitados y la urbanización entera, se dio paso a la bebedera y la tragadera. Para entonces mi experiencia en la libación de bebidas espirituosas era poca, y supongo que algo de la comida debió caerme mal, porque luego de bailar algunas de las piezas de raspa canilla que solían poner en esas fiestas, me fui a sentar en la mesa junto a mis hermanas y algunos amigos, de pronto sentí el estómago como un volcán, acompañado de una sudoración fría abundante. Las tripas me sonaban tanto que pensé que la gente en la mesa las oía, y aquellas ganas de ir al baño a votarlo todo eran insoportables.
De pronto no aguanté más y sentí el vómito subiendo por mi garganta, no tuve tiempo de nada, solo atiné a levantar el primoroso mantel, meter la cabeza debajo de la mesa y largar la ñoña...hacer gomitas pues...
Solo recuerdo la visión de las sandalias y los zapatos de los sentados en la mesa y el sonido...ese sonido inconfundible de quien vomita hasta el alma. Por supuesto las mujeres con los pies desnudos brincaron al contacto del vómito con sus medias de nylon y el zaperoco fue de foto. Recuerdo que entre mi hermana y un amigo me agarraron y me sacaron de la fiesta, con la vergüenza de saber que todo el mundo te miraba, y típico que cuando estas borracho tratas de caminar derechito pero más te tambaleas. Mi amigo me llevó a casa, no sin antes hacer un par de paradas técnica para vomitar las puertas del carro. LLegar a la casa sin que mi papá notara la pea era mi preocupación, la otra era como quitarse el estigma de haberle cagado los 15 años a Emirva. Por supuesto jamas volví por aquellos lares...y por suerte Emirva resultó precoz y se casó muy pronto y se largó de la casa materna, más nunca supe de ella.
Esa oportunidad es la única que recuerdo en la que haya querido ser avestruz.