20 octubre 2007

MARGARITA LA DAMA DE COMPAÑIA PARTE 1



Margarita…no recuerdo bien cuando fue que esta mujer apareció en nuestras vidas, solo se que llegó y se quedó para bien y para mal.
Margarita llegó con la tía Esperanza, en uno de sus viajes regulares de Barinas a Valencia, ella era la empleada de la tía , pero según la concepción que Margarita tenía de si misma, ella no era ni la empleada, ni la señora de servicio, y mucho menos “la cachifa” Margarita se veía, se creía y se llamaba a si misma “la dama de compañía de Doña Esperanza”.
Pero resulta que Margarita “la dama de compañía de Doña Esperanza”; retahíla que soltaba cuando alguien llamaba por teléfono y preguntaba quien había atendido; era una mujer especial, diferente, a veces te hacia morir de la risa, otras de rabia, por lo entrépita y metida que era, por lo original de su lenguaje, por lo osada, y por lo inteligente, que a pesar de su ignorancia, a veces resultaba.
Lo cierto es que poco a poco íbamos conociendo más y más a Margarita, ya que la tía Esperanza viajaba con regularidad, y claro está, no lo hacía sin su dama de compañía. Sabíamos por su boca que era de Sabaneta de Barinas, que tenía una de las bodegas mejor surtidas del pueblo, y que era atendida por su esposo, que era tía de la alcaldesa de Cagua, y que había estudiado quien sabe que, porque cada vez que echaba el cuento era algo diferente. Lo cierto es que Margarita casi ni sabía leer, pero era extremadamente inteligente, lo que oía, enseguida lo tomaba como propio y hacía toda una historia personal.
Margarita además era muy refinada en su hablar, por lo que no perdía la oportunidad de intervenir en las conversaciones familiares, casi siempre en la cocina, mientras cortaba los aliños, o ayudaba con la hallacas en navidad. Y como toda una erudita se lanzaba en sus conversaciones: jamás hablaba de cortar o picar, ella decía: “hacer incisiones punzo penetrantes filosas”, siempre decía que su hermano, que era loco, era la “oreja negra de la familia”, que su comida favorita eran “langostinos flamiados en champan” receta que obviamente su cómica boca jamás había probado, pero que quizás, si había visto en algún canal de cocina. Se enfurecía con las dueñas de casa cuando la mandaban a pelar ajos, porque decía que las manos le quedaban “muy mal olorosas” Si veía o leía algún reportaje referente a un asesinato, enseguida hablaba de que se esperaba que la “medicatura florense” resolviera el caso. Margarita llamaba a las señoras “madam”, y no había Dios que la hiciera cambiar la maña, aunque las “madam” se pongan bravas, porque la tía Esperanza le explicaba que “madames” eran las de los burdeles, pero para Margarita era el máximo sinónimo de elegancia.
Margarita, como era de esperar, odiaba a las otras cachifas de la casa, que eran dos, una para limpiar y otra para planchar. En sus visitas quincenales, trataba de meter cizaña para que las “destituyeran” de sus trabajos decía que eran flojas, que no sabían hacer nada, y que limpiaban sin quitar las “alsombras.” A ella, por supuesto no le gustaba limpiar, las damas de compañía no limpian en casa ajena, solo en la de su señora.
Como toda dama, Margarita era extremadamente coqueta y elegante. Pronto adoptó las modas Valencianas, porque Barinas era “muy de pueblo”. Ella sentía verdadero delirio porque la mandaran al automercado del centro comercial cercano, Margarita podía ir hasta cuatro y cinco veces seguidas al mercado, porque siempre inexplicablemente, algo se le olvidaba, y volvía a repetir las tres cuadras que la separaban del máximo esplendor citadino. No importaba la hora que fuera, por lo general siempre a mediodía, cuando la mandaban al super, dejaba lo que estaba haciendo y se enfundaba en un cuello tortuga negro, o azul marino, sus colores favoritos, porque son “elegantiosos” y ella era una fiel seguidora del “fasión” un jean también negro, y unos zapatos de tacón, cerrados, eso si, porque tenía los pies muy feos, una cartera terciada o a veces debajo de la axila, según la moda, y así sin bañarse ni nada, se pintaba la boca de rojo candela y salía orgullosa a patear la calle, con la cabeza bien levantada, con una actitud de triunfo. Lastima que su pelo era corto y casi siempre de algún color extraño, porque de lo contrario lo llevaría suelto al viento en actitud sexy y arrasadora.
La edad de Margarita siempre fue un misterio, era mayor, porque su cabello se blanqueaba en canas rapidito, pero tenia una apariencia de mediana edad, con una cara sin muchas arrugas, que ella cuidaba con toda la mercancía que compraba por catálogos y en el centro. Según ella se bañaba con jabón de leche, y se aplicaba miel en la cara y el cuerpo para tener la piel “lisiiiita”
Con el tiempo la tía Esperanza se cansó de las loqueras de Margarita, y así, sin más explicación la destituyo de su empleo de dama de compañía, que era su mayor orgullo, acompañar a una “madam tan acaudalada como Doña Esperanza”, porque también Margarita era muy jalabola, pero no le sirvieron de nada esta vez todas las alabanzas a su señora, y así quedó sin empleo. Recuerdo que al llegar a la casa de mis suegros ese día había una gran conmoción, la pobre Margarita se había desmayado, lloraba inconsolable y vomitaba en el baño del sótano. Mi suegra que es una mujer muy generosa enseguida acabó con aquel show que puso de cabeza a toda la familia:
-Margarita, cálmese, deje de dar gritos y salga del baño, si usted quiere se puede quedar trabajando aquí…

Continuará....

5 comentarios:

Evan dijo...

Me la imagino toda una señorona perfumada y coquetona...

Una dama de compañía como las de antaño.

Que pases lindo loquito!!

Un beso

Odrita dijo...

Continuaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa >=,(

La Hija de Zeus dijo...

Que bueno está ese cuento Loco, lo disfrute completico, espero la 2da parte para saber que fue de Margarita en casa de tu suegra.

un abrazote

Lully dijo...

Desde mi blog: Reflexiones al desnudo
Rico disfrutar de Margarita. Con tu relato me la imaginé toda pinchada y con clase. Ameno relato.

Un abrazo cálido desde Colombia!

Naky Soto dijo...

Bueno mi Loco querido, mi esperanza es que tú con todos y tus sucesos eres más constante que yo, porque la historia me la leí íntegra, de un trancazo, y ya quiero continuarla ¿si?

¡Me anima saber que has dejado de "gomitar", mientras me actualizaba llegué a preocuparme (aunque no haya dejado de reírme).

Un abrazo acompañado,